La figura de Lucila colgó en el aire a Manos de Tilo. Manyus entreabrió los ojos y observo los zapatos tenis frente a su rostro, solo había un ser oscuro capaz de mezclarse con los humanos tan vulgarmente. Nunca había visto su rostro pero miles de leyendas corrían en los bares frecuentados por amantes de la sangre; el ser que había podido sobrevivir a la mordedura de un vampiro y conservar su humanidad, el vampiro capaz de atacar cual bestia pero mimetizarse y convivir con el resto de los humanos a la luz del día. El híbrido.
No lo pensó dos veces, era morder o morir; una sola gota del elixir de vida que corre por las venas de ese hombre y recuperaría las fuerzas para obtener venganza y quien sabe, tal vez hasta conocería la luz. Se arrastro hasta respirar el cálido sudor de su presa . De inmediato comenzó a sentir que todo su ser se revitalizaba, temblorosamente intentó ponerse de pie, al tiempo que escuchaba los latidos de corazón de Tilo. Era como escuchar los engranajes de un ferrocarril, fuertes, pesados, poderosos.
-¡Mira quien despertó! -Tilo no perdió el tiempo estableciendo su posición-¡Buenas lunas, compañera!¿No gustas un poco de carne blanca?, dicen que es bueno para el colesterol.- Sacudió violentamente el cuerpo de Lucilla,
-¡Quien es! ¡Déjeme en paz!¡No se que quiere de mi!-Lucilla intentó zafarse de su oponente sin éxito, únicamente rasguño el rostro de Tilo, lo que antes eran las perfectas manos de una chica de colegio católico ahora eran unas sucias garras llenas de sangre y lodo. El híbrido dejo caer el cuerpo de la chica violentamente cerca de la vampiro.
Manyus percibió el delicioso humor a su alrededor, en el rostro de Tilo, en los dedos de Lucilla. Estaba desesperada, herida y hambrienta, y entonces no pudo mas. Tomando débilmente los dedos de la joven los chupo uno por uno. Un insólito frenesí recorrió por completo su débil ser. No estaba viva, pero era lo mas cercano a estarlo.Esa sangre en la punta de su lengua efectivamente tenia un gusto exótico, notas de sudor, feromonas y cafeína cubrían el ferroso sabor primario de cualquier sangre antes probada. Pero había un ingrediente extra en todo ese coctel de placer; gusto amargo de billis humana. Ese sabor acibarado que solo tienen los que buscan una insatisfecha venganza.
-¡Hey! Yo la vi primero...-Tilo pateo el extasiado rostro de la vampiro, logrando solo exacerbar sus sensaciones aun mas.
-Se quien, o que, eres, pero tu ignoras todo de mi... supongo que en esta batalla sabemos quien saldrá ganando.-Las heridas de Manyus cicatrizaban a impresionante velocidad mientras se incorporaba con la mirada enloquecida puesta en su agresor.
-Solo se que eres mía...-Tilo tomó el revolver de su cinturón y apuntó certeramente a su objetivo. Pero el muchacho ignoraba que Manyus ya no funcionaba como el resto de los humanos... y aparentemente ni siquiera como el resto de los vampiros. Lo ocurrido con Markus esa noche la llenaba de una fuerza de la que desconocía el origen, razones o poder. Solo escuchaba dentro de si una voz que le ordenaba “Mátalo,el es el indicado”.
Se abalanzó sobre Tilo abriendo sus fauces dispuestas a saborear el valioso bocado. Estaba a punto de atacar a uno de los pocos vampiros que han conocido los mundos del día y la luz.Su cuerpo ardía en excitacion y jubilo. Los cuerpos bailaron con los sensuales movimientos de la lucha cuerpo a cuerpo.
De pronto Tilo la sometió y lengueteando su delicioso cuello preparo el terreno para el “final feliz” .
La mordida fue profunda y jugosa, los hilillos de un espeso liquido oscuro escurrían rumbo a su agitado pecho.
Un disparo rompió la calma de la noche. Tilo cayó desplomado sobre la vampiro. Manyus con los ojos aun desorbitados miró la sucia figura de Lucilla frente a ella.
-Olvidaron la pistola...- Balbuceó Lucilla mientras le tendía una mano a la vampiro.-Un apuesto joven... la otra noche... me encomendó protegerte, y hasta volverlo a ver, no tengo otra razón de ser.
-Que imbécil eres...-Ella se pasó los dedos por la nueva herida para chupar la ultima gota de su cuello, chasqueando sus labios como quien saborea los taninos de un vino. Sonrío. Su plan había funcionado. Tilo yacía herido y moribundo en el pavimento y ella, pronto vería la luz.
-Vamos, busquemos refugio antes de salga el sol.- Dijo la humana.
-Creo que puedo arreglármelas con eso, -Despeino traviesamente el cabello de Lucilla y se adelantó unos pasos. La alarma del reloj de Manyus marcó las seis de la mañana.